Valparaíso, Chile,

 

Otra lectura del choque de civilizaciones

David Brooks

Marzo de 2011

 

Samuel Huntington fue uno de los más grandes politólogos de Estados Unidos. En 1993, publicó en Foreign Affairs un sensacional ensayo titulado "¿El choque de civilizaciones?". El ensayo, que se convirtió en libro, argumentaba que el mundo posterior a la Guerra Fría se caracterizaría por el conflicto entre civilizaciones.

Los seres humanos, según escribió Huntington, se dividen según ciertas líneas culturales: occidentales, islámicos, hindúes y demás. No existe una civilización universal. Existen, en cambio, esos bloques culturales, cada uno de ellos con su propio y peculiar conjunto de valores.

La civilización islámica, según escribió Huntington, es la más problemática. En el mundo árabe, la gente no comparte las hipótesis generalizadas en el mundo occidental. Su vínculo más fuerte es con su religión, no con el Estado-nación. Su cultura es poco hospitalaria con ciertos ideales liberales como el pluralismo, el individualismo y la democracia. Huntington pronosticó acertadamente que los regímenes dictatoriales árabes eran frágiles y estaban amenazados por grandes masas de jóvenes desempleados. Pensaba que esos regímenes podían caer, pero no creía que las naciones árabes fueran a occidentalizarse. El mundo musulmán tiene fronteras sangrientas, continuaba. Hay tensiones por las que el mundo musulmán entra en conflicto con otras civilizaciones. Aun cuando los regímenes decrépitos cayeran, insistía Huntington, todavía seguiría existiendo un fundamental choque entre el islam y Occidente.

La tesis de Huntington desencadenó un furioso debate. Pero con los cambios históricos que están produciéndose en el mundo árabe, resulta iluminador releer hoy sus argumentos. Retrospectivamente, yo diría que Huntington cometió el "error fundamental de atribución". Es decir, atribuyó a los rasgos cualidades que en realidad están condicionadas por el contexto. Afirmó que los pueblos de los territorios árabes son intrínsecamente no nacionalistas, Afirmó que no anhelan el pluralismo y la democracia de la manera como esas cosas se entienden en Occidente. Pero ahora parece que simplemente estaban viviendo circunstancias que no permitían que el patriotismo o esos anhelos espirituales afloraran. Ahora parece que las personas de esas naciones, como las personas de todas las naciones, tienen múltiples identidades auténticas. En algunas circunstancias, se manifiesta un conjunto de identidades, pero cuando esas circunstancias cambian, se activan otras identidades y deseos igualmente auténticos. Durante la mayor parte de las últimas décadas, la gente de las naciones árabes vivió bajo el poder de regímenes que gobiernan mediante el miedo. En esas circunstancias, la mayoría compartió el argumento de la proliferación de conspiraciones y la pasividad política que esos regímenes estimulaban. Pero cuando el miedo se empequeñeció y se presentó la posibilidad de cambio, cobraron vida otras aspiraciones. En las últimas semanas, vimos pueblos árabes ferozmente adheridos a sus identidades nacionales y dispuestos a arriesgar sus vidas.

 

Definición

Diría que Huntington también estaba equivocado en la manera en que definió la cultura. En algunos aspectos, cada uno de nosotros es igual a todas las personas que hay sobre la Tierra; en otros aspectos, cada uno de nosotros es semejante a los miembros de nuestra propia cultura, y en otros aspectos, cada uno de nosotros es un ser único. Huntington minimizó el poder de los valores políticos universales y exageró la influencia de los valores culturales. No es difícil entender por qué lo hizo. Estaba criticando a las elites globales que a veces se niegan a reconocer el valor de la cultura.

Pero ahora parece claro que muchos árabes comparten un hambre universal de libertad. Perciben la presencia de los derechos humanos y se sienten insultados cuando no se los conceden. La cultura es importante, pero por debajo de las diferencias culturales subsisten esas aspiraciones universales de dignidad, de sistemas políticos que respeten a la gente.

Finalmente, diría que Huntington no entendió bien la naturaleza del cambio histórico. En su libro, describe transformaciones que siguen trayectorias lineales, previsibles. Pero las cosas no funcionan así en épocas tumultuosas. En cambio, una persona avanza un paso. Después, la persona de al lado da otro paso. Muy pronto, millones de personas se contagian, y se activan pasiones que apenas habían percibido pocas semanas antes. Son arrastrados por impulsos que carecen de autoridad central y que, no obstante, ejercen una enorme influencia en todos aquellos que han sido atrapados por la impulsiva y poderosa marea.

No escribo esto para denigrar al gran Huntington. Todavía hay tiempo para que se demuestre que estaba en lo cierto. El mundo árabe tal vez se modernice siguiendo su propio y peculiar camino. Pero sus errores esclarecen verdades muy útiles: que todas las personas comparten determinadas aspiraciones y que la historia tiene finales abiertos. El torbellino de los acontecimientos puede transformar los rasgos y las cualidades que parecían, incluso para los grandes expertos, grabadas en la piedra.