Valparaíso, Chile,

 

Las revoluciones, una cuestión de empleo

Chrystia Freeland

Marzo de 2011

 

No hay nada mejor para enfocar nuestras ideas que un par de revoluciones. La lección que los autócratas más astutos del mundo han extraído de la revolución en Túnez y sus réplicas vecinas es muy simple: todo tiene que ver con el empleo.

"Al gobierno de China siempre le preocupó cómo hacer para adelantarse al crecimiento creando nuevos puestos de trabajo", dice Dominic Barton, director ejecutivo global de la consultora McKinsey.

"Tienen que crear más de 30 millones de puestos de trabajo por año. Saben que si no lo hacen y hay demoras y la gente no tiene trabajo, llegará la revolución", añade Barton.

Los autócratas que aún quedan en Medio Oriente están aprendiendo rápidamente la lección de los chinos, tal como lo evidencia el nuevo programa de estímulo económico de 36.000 millones de dólares implementado en Arabia Saudita, que incluye un 15% de aumento en el salario de los empleados públicos. Tal como lo explicó el ex director ejecutivo de General Electric, "durante esta recesión, China hizo cosas increíbles", y agregó: "Es un poco lo mismo que están tratando de hacer ahora los sauditas para contentar a la gente".

La larga historia de China y los actuales sucesos en Africa del Norte le demuestran al dictador astuto que si muchos de sus súbditos no tienen empleo, su líder corre también el riesgo de perder el suyo.

Aún así, la preocupación de los regímenes autoritarios por el empleo está en franco contraste con la actitud de Estados Unidos frente a ese tema, donde a pesar de registrarse niveles de desempleo nunca antes vistos, el tema central del discurso político del momento es el recorte del gasto público, un motivo de queja permanente para la izquierda norteamericana, que advierte, y con razón, que un recorte del gasto público implica mayor desempleo.

El director ejecutivo de Google, Eric Schmidt, asegura que el desempleo es el problema número uno que tiene el país. Al igual que los mandarines chinos, tiene algo que proponer. "La mejor manera de resolver ese problema es propiciar un boom de la construcción -dijo-. Y la mejor manera de lograr un boom de la construcción es que el gobierno genere liquidez en los mercados endeudados para que construyan lo que quieran."

Schmidt está muy preocupado por la deuda del gobierno. Pero los gobiernos deben ser capaces de hacer más de una cosa a la vez. Los levantamientos en los países árabes les han recordado a los dictadores del mundo que el problema del empleo puede hacer peligrar la seguridad de sus regímenes. Derrocar a los líderes que no son capaces de brindar trabajo es mucho más fácil.