Valparaíso, Chile,

 

Con la libertad, el desafío del autogobierno

Paul Schemm

Marzo de 2011

 

Los libios de la mitad este del país se encuentran en una situación inimaginable: liberados del régimen de Muammar Khadafy por primera vez en 41 años.

Ahora, los ciudadanos tratan de decidir cómo gobernar sus propios asuntos y fortalecer su poder militar, ya que Khadafy gobierna aún la otra mitad del país. Todo empezó allí como una serie de pequeñas manifestaciones de protesta debido al encarcelamiento de un abogado defensor de derechos humanos y luego, en una semana de batallas cada vez más sangrientas, los residentes de la segunda ciudad más grande de Libia, Benghazi, se encontraron de repente a cargo del gobierno. Sólo unos días después de la retirada de las fuerzas leales al régimen, la ciudad luce ordenada, con los comercios abiertos y un nuevo gobierno local emergiendo en la misma ciudad en la que cualquier forma de organización social era despiadadamente reprimida.

"No planeábamos una revolución; se dio de repente", dijo Fathi Turbel, el abogado de 39 años cuyo encarcelamiento disparó las protestas. "La gente no alcanza a imaginar cómo es posible que todo haya ocurrido con tanta rapidez." Siguiendo el ejemplo de sus vecinos egipcios, los libios formaron comités populares para garantizar la seguridad básica y hablaron con académicos, abogados y expertos locales para decidir cómo organizar el gobierno que heredaron. El resultado fue un consejo municipal de 15 miembros, integrado por figuras prominentes, entre ellas, Turbel.

Las concentraciones aún surgen regularmente, mientras los residentes celebran su largamente negado derecho a reunirse en una plaza y entonar eslóganes. Por una ley de 1973, era ilegal que se reunieran cuatro o más personas, debido al miedo de Khadafy a las conspiraciones, y cualquier clase de organización civil era aplastada. Ahora, dijo Turbel, todos deben aprender a trabajar juntos. Dentro del juzgado reina un torbellino de actividad, mientras jóvenes, hombres y mujeres van de acá para allá con el afán de armar una nueva estructura municipal.

"No tenemos ninguna experiencia en esto, así que recurrimos a la ayuda de gente que sabe más que nosotros. Hasta ahora, la cosa funciona", dijo Atif el-Hasiya, un ingeniero que trabaja para el nuevo gobierno.

Afuera, las evidencias respaldan sus palabras optimistas. Los únicos embotellamientos se producen cuando la gente baja la velocidad para mirar los símbolos quemados del viejo régimen. Los nuevos carteles colocados en toda la ciudad dicen: "Sí a la apertura de panaderías, farmacias, comercios y sí a seguir con la vida normal en Benghazi".

El sonido de los disparos, sin embargo, habituales porque alguien dispara su rifle como celebración, todavía interrumpe el silencio de la noche. Los funcionarios admiten que es prioritario recuperar las numerosas armas que cayeron en manos de la gente después del caos. Y también reconocen que, hasta el momento, no se han planeado acciones contra el gobierno central. En cambio, esperan la deserción del resto de las fuerzas de Khadafy.

"Esperamos un golpe de Estado que surja de la gente que lo rodea", reconoció Abu Ahmed, un veterano activista involucrado en la organización del nuevo gobierno. Sin embargo, señaló que el ejército libio ni siquiera era muy poderoso cuando estaba unido.

"Khadafy les fue quitando capacidad. Las únicas tropas capaces eran las fuerzas de seguridad del propio Khadafy", dijo, y explicó que el líder temía a los golpes militares.

 

Actuar con paranoia

Por ahora, las tropas que han desertado dicen que están en contacto con sus colegas de la mitad oeste del país, porque intentan convencerlos de que sigan su propio ejemplo.

Incluso en medio de la euforia producida por la liberación de la ciudad, proliferan los rumores de un inminente bombardeo aéreo, ataques navales o la reaparición de los temidos mercenarios africanos de Khadafy, que, según los residentes, fueron los principales combatientes.

"No estamos paranoicos, sino que vivimos una situación real en la que debemos sentir paranoia y actuar de manera paranoica para poder protegernos", dijo Ahmed. "Sabemos que este sitio está infiltrado por el régimen", añadió. Mientras Turbel explicaba su visión de la transformación de Libia en un Estado democrático basado en una Constitución, un asistente entró en la oficina y le susurró al oído que habían atrapado a un agente de Khadafy que estaba afuera, espiándolos.