Con la censura a
Internet, China elude el contagio
La Nación,
Buenos Aires
Marzo de 2011
Como parte del efecto dominó que está afectando a
los países árabes, China se perfilaba, según algunos
analistas, como una de las siguientes fichas por
tambalear. Sin embargo, la fallida "revolución del
jazmín" demuestra que de un tweet a una revolución
hay un paso gigante, especialmente si se está sujeto
a la censura del "Great Firewall" y al control de la
policía china.
Ayer, los organizadores de la "revolución del
jazmín" china convocaron por segundo domingo
consecutivo a una protesta en diferentes ciudades.
Los promotores de esta idea, en su mayoría chinos
residentes en el exterior, se encargaron de difundir
la invitación para solicitar al gobierno
independencia judicial y libertad de expresión,
entre otras peticiones.
Sin embargo, en ambas ocasiones los llamados no
tuvieron éxito, porque el impacto de Internet en
China no es tan efectivo y porque la policía no
escatima en desplegar a todos sus oficiales en
situaciones de desorden.
"Con el desarrollo de Internet, las posibilidades de
promover un movimiento social han aumentado. Sin
embargo, como en China los foros y los sitios más
importantes están controlados por el gobierno, es
muy difícil organizar protestas", escribe Zuola, un
famoso bloguero chino.
Zuola considera que Twitter se ha convertido en el
campo de batalla preferido, ya que es un territorio
sobre el que el gobierno chino no tiene control.
Cualquiera que lea los tweets de los blogueros
chinos podría pensar que el país está a punto de
estallar y que una gran masa de gente está dispuesta
a salir a las calles. Sin embargo, el que haya visto
las dos manifestaciones se da cuenta de que el mundo
Twitter es uno cibernético.
Al igual que el domingo 22, fueron pocos los
manifestantes que salieron ayer a las calles. En las
dos ocasiones se informó que varios activistas
fueron detenidos o retenidos en sus casas para que
no pudieran asistir a los encuentros. Sin embargo,
la razón principal de la baja asistencia fue el
desconocimiento. El control sobre la Red es tal que
el mensaje de revolución llega a unos pocos, y esos
pocos pertenecen a una escala social alta, que
tienen acceso a VPN (red privada virtual) para
sobrepasar el "Great Firewall".
Pero los que podrían presionar al gobierno son los
que se ven afectados por el desempleo y la
inflación. Y esta gente casi no tiene acceso a
Internet y difícilmente conozca que las protestas
están derrocando gobiernos en otras partes del
mundo.
"Si la gente común hubiera sabido de la marcha,
¿hubiese ido?", se cuestiona Junling Hu, creador del
blog Freedom in China. "Sabríamos la respuesta si el
gobierno no hubiera hackeado las páginas de
anuncios, o bloqueado Facebook y Twitter o filtrado
la palabra «revolución del jazmín» para eliminar
todas las entradas anunciando la protesta."
En ambas jornadas, los chinos presentes no supieron
qué ocurría. Sin embargo, hubo una gran diferencia:
la protesta de ayer fue recibida con un despliegue
policial mucho más fuerte. Ayer no hubo oportunidad
para una congregación y la policía adoptó una
actitud defensiva que forzaba a las personas a
movilizarse de la zona y prohibió a los periodistas
acreditados tomar fotos y filmar.
Policías y manifestantes
En Pekín, la protesta fue convocada frente al
McDonalds en Wangfujing, tradicional calle comercial
peatonal. Desde antes del mediodía, la calle comenzó
a ser dominada por policías y no por manifestantes.
Las autoridades desplegaron las técnicas de control
comunes: policías con filmadoras para registrar a
los manifestantes, cadena de policías cerrando todas
las entradas a la calle peatonal y policías de civil
que vigilaban cualquier movimiento abrupto. Una hora
más tarde, la policía había logrado acordonar la
zona y bloqueado todas las entradas a esta calle de
810 metros. A las dos de la tarde, hora de la
protesta, un camión de agua comenzó a recorrer la
calle para forzar a la gente a caminar por los
bordes y salir a otra vía alterna.
Si el domingo anterior la protesta no se dio por una
baja asistencia y fue poblada por transeúntes
curiosos, ayer no existió porque las autoridades
bloquearon toda la zona. En Shanghai, la asistencia
fue mayor y se desplegaron técnicas similares para
evitar la protesta. En otras ciudades, como Harbin,
no hubo manifestantes.
Los promotores de la "revolución del jazmín"
afirmaron en su reciente carta al Congreso Nacional
del Pueblo, que se reunirá esta semana, que
continuarán las protestas cada domingo hasta recibir
una respuesta del gobierno y que incluso éstas se
verán fortalecidas si las autoridades las continúan
restringiendo. Ayer quedó demostrado que las
protestas logran atraer más policías que personas y
que para que estas congregaciones comiencen a verse
como una verdadera revolución, los promotores
deberán salir del mundo cibernético y pasar sus
llamados al mundo real.
En el resto de la región:
Túnez
Dimitió el primer ministro tras violentas protestas
El primer ministro del gobierno de transición de
Túnez, Mohammed Ghannouchi, renunció ayer tras 48
horas de protestas en la capital tunecina, que
dejaron por lo menos cinco muertos y numerosos
heridos. El presidente provisional, Fouad Mebazaa,
nombró a Beji Caid-Essebsi nuevo premier e hizo un
llamado a la calma.
Yemen
"Defenderé el régimen hasta la última gota de
sangre"
El presidente de Yemen, Alí Abdullah Saleh,
cuestionado por multitudinarias manifestaciones que
piden su dimisión desde hace un mes, acusó ayer a la
oposición de intentar dividir al país y dijo que
defenderá su "régimen republicano" hasta "la última
gota de sangre". En Adén, en el sur del país,
anteayer hubo una violenta represión que dejó tres
muertos.
Bahrein
Tres marchas y miles de manifestantes contra el rey
Por lo menos tres marchas paralizaron ayer partes de
la capital de Bahrein cuando decenas de miles de
personas corearon lemas contra el rey. Los
manifestantes rechazaron la propuesta de diálogo de
las autoridades para poner fin a la crispación
social, después de casi dos semanas de protestas en
esta pequeña nación del Golfo Pérsico.