La rebelión
árabe, una bofetada a Al-Qaeda
Bernd Debusmann
Febrero de 2011
Deben de ser tiempos difíciles para Osama ben Laden
y su lugarteniente egipcio, Ayman al-Zawahiri. El
levantamiento que sacó a Hosni Mubarak después de 18
días de masivas protestas, ninguna de ellas en
nombre del islam, no encaja en la ideología de estos
hombres. En la guerra de ideas, Al-Qaeda sufrió una
importante derrota.
Sus líderes predican que el modo de deshacerse de
los gobernantes "apóstatas" -Mubarak encabezaba la
lista- es a través de la violencia. La ideología de
Al-Qaeda no adhiere a la clase de poder popular que
derribó el Muro de Berlín y que colmó la plaza
Tahrir de El Cairo con manifestantes pacíficos.
Esa gente que hacía flamear la bandera roja, negra y
blanca de Egipto, y no los banderines verdes del
islam, en manifestaciones pacíficas significó "una
enorme derrota en un país de central importancia
para la imagen de Al-Qaeda", en palabras de Norman
Benotman, ex líder de una grupo libio alineado con
la red. "La peor pesadilla de Ben Laden se ha hecho
realidad", escribió Shibley Telhami, académico del
mundo árabe de la Universidad de Maryland.
Mucho antes del 11 de Septiembre, cuando Al-Qaeda
atacó al que llama su "enemigo lejano", los líderes
del grupo exhortaban a los musulmanes a ir contra el
"enemigo cercano" -regímenes árabes que no
gobernaban sus países según la ley islámica- con
ataques. La jihad violenta era el único camino.
Túnez y Egipto han demostrado que ese argumento era
falso.
Probablemente sea por eso que Al-Qaeda, un grupo con
experiencia en Internet y gran habilidad
comunicacional, casi no se ha manifestado sobre la
agitación que primero sacudió Túnez, luego se
extendió a Egipto y ahora hace perder el sueño a los
gobernantes de Argelia, Arabia Saudita, Libia y
Bahrein.
Según SITE, una organización que monitorea las
declaraciones de Al-Qaeda y sus seguidores, la
primera reacción frente al levantamiento egipcio
apareció en un foro 15 días después del inicio de la
protestas. Las "puertas del martirio" se habían
abierto, decía el mensaje, y los egipcios debían
ignorar el secularismo, la democracia y el
nacionalismo.
Para los manifestantes, el llamado al martirio sonó
tan irrelevante y fuera de lugar como algunas de las
declaraciones del gobierno de Barack Obama, que
zigzagueó y, al menos inicialmente, puso sobre el
tapete la política de apoyo a dictadores detestados
por sus ciudadanos que aplica Washington desde haces
décadas.
El silencio de Ben Laden y Al-Zawahiri sobre el tema
sigue siendo objeto de conjeturas. Algunos expertos
norteamericanos piensan que ambos se encuentran
acorralados en las montañas afganas y que tienen
problemas logísticos para comunicarse con el
exterior. Otros aseguran que ese dúo de asesinos
sabe que sería inútil.
"Al-Qaeda y Al-Zawahiri saben que en las calles de
Egipto los han dejado de lado", escribió Bruce
Riedel, ex funcionario de la CIA. "Esta no es su
revolución y ellos tampoco la inspiraron." Lo peor
que podría suceder para la credibilidad de Al-Qaeda,
asegura Riedel, es que, en el futuro post-Mubarak,
la Hermandad Musulmana se integre a un gobierno de
coalición y contribuya a reformar el país. Sería una
bofetada a la filosofía de Ben Laden, según la cual
el islam debe triunfar sobre la democracia y no
participar de ella.
El sutil argumento de Riedel no concuerda demasiado
con el discurso de los conductores de programas de
derecha en Estados Unidos, que identifican el islam
con el terrorismo. Algunos de ellos pintan una
secuencia de terroríficos eventos que se
desencadenarían tras el levantamiento en el país más
grande del mundo árabe.
La Hermandad, según ellos, tomará control de Egipto.
Luego, una oleada islamista barrerá los países
árabes. Después será el turno de Europa. Y
finalmente de Estados Unidos. La palabra "islamista"
alcanza para despertar temor en el corazón de muchos
norteamericanos.
Se trata de un miedo basado en la ignorancia y es
difundido por políticos que se supone que entienden
más. Ileana Ros-Lehtinen, presidenta republicana del
Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara baja,
advirtió que no debe permitirse que la Hermandad
emerja como una fuerza poderosa. ¿Cómo? ¿Con Estados
Unidos amañando las elecciones?
Tim Pawlenty, posible candidato republicano para las
presidenciales de 2012, le retrucó a Obama por decir
que la Hermandad "es una de las facciones en
Egipto". Para el bando de los que creen que "el
islam va a matar a todos", el comentario es un gesto
"contemporizador".
Es reconfortante saber que el jefe de Inteligencia
de Estados Unidos, James Clapper, entiende el
vínculo que existe entre el crecimiento político de
la Hermandad y sus efectos adversos para Al-Qaeda.
"Respecto de lo que sucede en Egipto -dijo ante el
Comité de Inteligencia de la Cámara baja-, es una
gran oportunidad potencial para desarrollar un
contradiscurso para oponer al de Al-Qaeda." Así es.