Valparaíso, Chile,

 

Vigilar la transición, el próximo desafío de la revuelta

Alistair Lyon

Febrero de 2011

 

Es probable que los egipcios que derrocaron a Hosni Mubarak tengan que hacer todavía un esfuerzo y asegurarse de que el consejo militar que dirige ahora el país entregue el poder a civiles.

El ejército anunció ayer que cederá el control a civiles, pero no ha revelado ningún plan de transición aún.

Sin embargo, si intentan conservar el poder, podrían encontrar un arma de disuasión en los manifestantes de las calles, que ya le demostraron a Mubarak que, sin consensuar con ellos, Egipto era ingobernable.

El país ahora entra en un territorio desconocido, después de 30 años de dominio de Mubarak y su legado de corrupción, burocracia y parálisis. Cualquier gobierno deberá enfrentar problemas económicos y sociales tremendos, pero uno que surja libremente de la voluntad popular podría además aspirar a canalizar la cuantiosa energía y el orgullo patriótico que se hacen evidentes en las calles.

"Los egipcios tienen que asegurarse de que su revolución no sea tomada de rehén", dijo Hassan Nafaa, profesor de Ciencia Política de la Universidad de El Cairo, al referirse al régimen anterior apoyado por los militares. "Ahora está en las manos del consejo militar, que se supone que debe cumplir con las demandas de la revolución, y por lo tanto la gente debe estar atenta a cómo esas demandas se cumplen", señaló.

Los militares podrían enviar una buena señal con la disolución del gabinete que Mubarak nombró a las apuradas hace dos semanas para aplacar las protestas y su reemplazo por "uno que represente al pueblo, a las fuerzas de oposición y a las fuerzas que encendieron la llama de la revolución", dijo Nafaa.

Nada de eso ha sucedido todavía. El líder de la nueva administración es uno de los pilares de la vieja guardia: ministro de Defensa y comandante de las fuerzas armadas, Mohammed Tantawi, caricaturizado desde siempre por los opositores como el "caniche" de Mubarak.

Tantawi conduce el consejo supremo de las fuerzas armadas, que será el encargado de gobernar hasta las elecciones presidenciales, que estaban fijadas para septiembre.

Por ahora, las expectativas de los partidarios de la democracia son altas. "Hemos esperado este día durante décadas", dijo el premio Nobel de la Paz y referente opositor, Mohammed el-Baradei.

Estados Unidos, que ha intentando equilibrar su deseo de estabilidad en Egipto -su crucial aliado árabe- y su apoyo al cambio democrático, ha recibido con beneplácito lo que el vicepresidente Joe Biden destacó como un momento "bisagra" en la historia de Egipto y de Medio Oriente.

La transición en Egipto, señaló Biden, debe constituir un cambio "irreversible". Robert Satloff, director ejecutivo del Instituto de Política de Medio Oriente, de Washington, dijo que los líderes militares deberían "dejar en claro cuanto antes si Egipto está bajo ley marcial o si realmente están dando pasos hacia la democratización del país".

A Washington le gustaría que la ley de emergencia quede sin efecto y "la creación de un gobierno nacional de bases amplias, que incorpore a personalidades civiles confiables, para conducir al país mientras se realizan los cambios constitucionales y legales" previos a las elecciones.

Brian Katulis, experto en Medio Oriente del Centro para el Progreso Norteamericano y consejero informal de la Casa Blanca, dijo que la caída de Mubarak era sólo el principio de una transición.

"Hoy por hoy, la gente que ha gobernado Egipto desde 1952 es la misma gente, los mismos cuadros de la élite militar", señaló.

Pero una vez alcanzado su destino, los 80 millones de egipcios seguramente querrán dar forma ellos mismos a su país, sin la injerencia de los poderes extranjeros.

Muchos egipcios, tanto laicos como islamistas, quizás se hagan eco de las palabras de Kamel el-Helbawy, clérigo de la sede británica de la Hermandad Musulmana.

"Hoy un dictador se ha convertido en parte del pasado. No toleraremos que otro hombre testarudo como él llegue al poder nunca más."