El papel de la
Hermandad, clave
Anne-Beatrice Clasmann
Febrero de 2011
"Mubarak, por aquí se va al aeropuerto." Esa es la
frase, pintada en un muro a 300 metros del palacio
presidencial egipcio, con la que un opositor a Hosni
Mubarak lo "invita" a salir del país.
"El Faraón" aseguró anteayer que el único motivo por
el que no deja el poder es el miedo al caos en el
que se sumiría el país si él faltara. Cree, además,
que si él dimitiera inmediatamente, la Hermandad
Musulmana se haría cargo del poder. Las palabras de
Mubarak muestran que aún cree ser parte de la
solución, a pesar de que la mayoría de la población
piensa que es el principal culpable de la crisis. En
lo único que podría tener razón el presidente es en
su declaración sobre la Hermandad. El grupo opositor
islamista, arrinconado por el régimen, tiene ahora
viento a favor.
Durante años, la Hermandad estuvo en la primera
línea de oposición y se llevó los mayores golpes.
Muchos de sus integrantes acabaron en prisión. Pero
esta vez obraron de forma diferente.
Al igual que los guerreros que se escondieron en el
caballo de Troya, adoptaron un papel secundario en
los primeros días de la protesta, al ceder el
protagonismo a los jóvenes, a la vieja izquierda y a
los académicos.
En los últimos días, pudo verse a muchos miembros de
la Hermandad en las marchas, aunque no se
identificaron como tal.
Sólo ayer salieron abiertamente y en gran número a
las calles a pesar de que su cúpula descartara
cualquier intención política. Los líderes de la
Hermandad aseguraron que no tienen el objetivo de
gobernar Egipto, sino que sólo buscan un gobierno
civil y democrático basado en los principios del
islam.
Son ellos quienes ahora revisan los carnets de
identidad de los manifestantes, a quienes intentan
convencer de que lo mejor es seguir en la céntrica
plaza Tahrir, en El Cairo, epicentro de las
protestas.
Estados Unidos, por su parte, intenta actuar entre
bambalinas -junto al ejército egipcio y algunas
fuerzas opositoras- para conseguir una solución y
evitar un nuevo derramamiento de sangre. La Casa
Blanca sabe que no es posible iniciar una nueva
etapa sin contar con la Hermandad, pero se encuentra
entre la espada y la pared, ya que el odio a Israel
es uno de los pilares ideológicos del grupo
islamista. Y la seguridad de Israel es una línea
roja que nadie en Washington está dispuesto a
cruzar.
No tan reconocible es, sin embargo, la postura de
los integrantes del régimen de Mubarak. Lo único
claro es que hay una facción que intenta salvar el
viejo sistema y sus prebendas. En el otro lado,
algunos asumieron que es inevitable que se produzca
un cambio.
Al primer grupo pertenecerían el canciller, Ahmed
Abul Gheit, y el secretario general del gobernante
Partido Nacional Democrático (PND), Safwat al-Sherif,
así como parte de las fuerzas de seguridad, el
empresariado y los corruptos nuevos ricos.
En el otro bando estarían, al menos por el momento,
parte de la cúpula del ejército; el nuevo primer
ministro, Ahmed Shafiq, y posiblemente también el
ministro de Defensa, Mohammed Hussin Tantawi.
Mubarak y su vicepresidente, el ex jefe de los
servicios secretos Omar Suleiman, se encuentran por
ahora en un limbo entre ambos grupos.
El presidente, que viene del ejército y consideraría
una vergüenza personal abandonar ahora el barco,
confesó a una periodista estadounidense que le dolió
ver cómo sus defensores y detractores se enfrentaban
en la plaza Tahrir. El comentario suena como una
burla para los manifestantes, profundamente
convencidos como están de que fue Mubarak quien
ordenó personalmente los ataques. Una periodista de
la televisión estatal egipcia, que durante años
informó sobre el presidente, no está, sin embargo,
tan convencida de ello.
"Está claro que los ataques a los manifestantes no
fueron espontáneos, sino planeados", aseguró. Pero
consideró que fue "un plan no sólo erróneo, sino
también profundamente estúpido". Tanto, que no puede
imaginarse que Mubarak, al que considera inteligente
y astuto, sea quien haya dado las órdenes. Aún así,
también ella cree que debe ser el presidente quien
"asuma la responsabilidad política" por lo ocurrido.