El espectro de
otro Irán, el gran temor de los cristianos
La Nación,
Buenos Aires
Febrero de 2011
Las notas del órgano que toca un joven africano en
una capilla decorada con coloridos mosaicos que
representan a la Virgen María se funden con el ruido
del helicóptero militar que desde hace días
revolotea incesantemente en el cielo de El Cairo.
En la misa de las 11 de la mañana en la iglesia
latina de Saint Joseph del barrio de Zamalek, Abuna
(Padre) Celestine, un sacerdote comboniano de 33
años, reza ante un centenar de fieles católicos para
que vuelva la paz a Egipto. A la salida, la grey,
formada en su mayoría por diplomáticos, extranjeros,
africanos y egipcios francófonos, no oculta su
preocupación. Si bien muchos ven con buenos ojos un
cambio de régimen después de 30 años de dictadura,
el gran temor es que el fin de la era Mubarak traiga
consigo el auge del radicalismo islámico, por lo que
creen que lo mejor es que sea el presidente egipcio
quien encabece la transición.
"La Hermandad Musulmana les está lavando el cerebro
a los chicos de la plaza Tahrir. La protesta ha
cambiado, la violencia de los últimos días no tiene
nada que ver con la naturaleza de los egipcios, sino
que ha sido instigada", dice Magda, egipcia católica
de 55 años.
"Yo estoy de acuerdo con la protesta, pero creo que
los manifestantes deben volver a sus casas. Tiene
que haber una transición calma, con «ritmo oriental»
y con Mubarak al frente", opina María, una señora
egipcia que también admite temer que si Occidente
sigue presionando para que el presidente egipcio se
vaya el resultado pueda convertirse en un búmeran.
"Si Estados Unidos y demás países siguen metiéndose
en los asuntos egipcios, al final la Hermandad
Musulmana tomará el poder y esto se convertirá en
una teocracia, como Irán", denuncia. Se estima que
en Egipto, un país de más de 80 millones de
habitantes de mayoría musulmana, los cristianos
representan el 10% de la población (8 millones); la
mayoría son coptos, a los que se suma una minoría de
200.000 coptos católicos. Aunque ayer en la plaza
Tahrir hubo cristianos coptos que oraron junto a
cientos de musulmanes por los "mártires de la
revuelta", la verdad es que la gran mayoría de los
cristianos piensa distinto. Muchos temen que sin
Mubarak, o un gobierno similar que los proteja, la
vida sea un "infierno".
No por nada anteayer el patriarca Genouda III, líder
de los coptos, hizo un llamamiento por radio y
televisión para que los egipcios volvieran a sus
casas. Algo que también hizo el patriarca de los
coptos católicos, su beatitud Antonio I Naguib. "No
creo que la partida de Mubarak sea la mejor
solución. Faltan reformas democráticas y económicas
y éstas se hacen de modo ordenado, sobre la base de
un consenso social. En Irak, Saddam Hussein fue
sacado por la fuerza en 2003 y aún hoy la situación
allí no es pacífica", dijo Naguib.
A
la salida de la iglesia Saint Joseph opinan
parecido. "No nos podemos olvidar del atentado del
31 de diciembre en la iglesia de Alejandría (en el
que murieron 23 personas y 90 resultaron heridas) y
tememos que si Mubarak se va, los cristianos, que ya
nos sentimos inseguros y perseguidos, nos veamos
forzados a irnos", dice Geranne, también católica.
"Me parece muy bien que la Hermandad Musulmana haya
conversado con el gobierno, porque ellos también
deben ser escuchados, pero nadie les cree cuando
fingen ser un grupo moderado: es sabido que su
verdadera intención es imponer un Estado islámico",
denuncia.
Su hija Sherim reconoce que "al principio" ella
estuvo de acuerdo con la protesta. "Pero ya
obtuvimos mucho. Lo mejor es que Mubarak se quede
para que haya una transición ordenada, que impida el
fortalecimiento de la Hermandad Musulmana", dice.
Padre Celestine piensa lo mismo. Si bien apoya a los
chicos de la plaza Tahrir, porque marcaron "el
comienzo de la lucha por la libertad", cree que "lo
más sabio" es que Mubarak se quede un tiempo más.
En cuanto al ascenso de la Hermandad Musulmana, es
menos pesimista: "Es cierto, los cristianos les
tienen terror, pero yo no creo que puedan alcanzar
el poder en forma automática", dice. "Los jóvenes de
la era de Facebook y Twitter son los grandes
protagonistas de esta revuelta -concluye- y ellos no
están dispuestos a hacer un salto atrás en el tiempo
para llevar una forma de vida religiosa."