Valparaíso, Chile,

 

Qué puede pasar

La Nación, Buenos Aires

Febrero de 2011

 

A ocho días del comienzo de las protestas en Egipto contra el régimen de Hosni Mubarak, la incertidumbre reina todavía en el país árabe y no se vislumbra un escenario político claro. En su esperado discurso de anoche, Mubarak sugirió una retirada gradual del poder al anunciar que no se presentará a las elecciones presidenciales de septiembre. Sin embargo, afirmó que será él quien dirija la transición para "garantizar la seguridad" en el país. Mubarak hizo el anuncio el mismo día en que cientos de miles de ciudadanos salían a la calle para exigir su renuncia. El presidente Barack Obama ya le había instado horas antes a que no se presentara a la reelección en los comicios de este año. A pesar del anuncio de Mubarak, su retirada gradual del poder podría acelerarse, ya que no cuenta con el apoyo del ejército y ha perdido la confianza de Estados Unidos, su gran aliado internacional. Algunos observadores creen que Mubarak podría delegar el poder en alguno de sus allegados, como el vicepresidente Omar Suleiman. Esta sería la alternativa preferida por Estados Unidos, Israel y el resto de potencias occidentales para evitar que se prolongue el conflicto.

Suleiman, ex jefe de los servicios secretos egipcios, se perfila como hombre fuerte del país si el movimiento opositor accede a que un hombre tan cercano a Mubarak sea el encargado de pilotear la transición política y la convocatoria a elecciones generales en el país. Hasta ahora los manifestantes han mostrado su rechazo a que el presidente delegue el poder en uno de sus allegados. Sin embargo, el ejército, actor clave en el conflicto, no ve con malos ojos a Suleiman, un hombre que ha hecho toda su carrera en las fuerzas armadas. El vicepresidente recibió hace dos días el mandato de Mubarak para entablar contactos inmediatos con todas las fuerzas de la oposición. Sin la candidatura de Mubarak, la alternativa de un gobierno conjunto garantizaría la "transición ordenada" que demanda Washington si el nuevo Ejecutivo incluye a figuras relevantes de la oposición, como Mohammed el-Baradei. El equipo de gobierno conjunto tendría como principal objetivo la celebración de elecciones anticipadas en el país, que podrían contar con supervisión internacional, aunque para ello sería necesario modificar la ley electoral actual.

El éxito de las manifestaciones contra Mubarak ha levantado la moral de un movimiento opositor que exige algo más que una retirada gradual de un presidente que se ha aferrado al poder durante los últimos 30 años y que pretendía el continuismo de su "dinastía". Algunos analistas han señalado ya los peligros potenciales que conllevaría un estallido social como el ocurrido en Irán en 1979. Los expertos no contemplan una toma violenta del poder por parte de los manifestantes como un escenario posible. El ejército, una institución muy respetada en el país, ya se ha solidarizado con el movimiento de protestas al considerar "legítimas" sus demandas y asegurar que no reprimirá las marchas en las calles. No está claro, sin embargo, qué actores se erigirán como representantes políticos de los cientos de miles de personas que han salido a las calles. Una de las mayores incógnitas en el convulsionado panorama político actual es el papel que tendrá la Hermandad Musulmana, un grupo islamista con influencia en amplios sectores de la sociedad pero sin experiencia en el poder. Una irrupción fuerte del movimiento islamista en el tablero político nacional sería vista con gran preocupación en Occidente.