El talón de
Aquiles de la gran economía china
David Case
Enero de 2011
Durante los últimos años, China ha sido el motor del
crecimiento mundial y el acreedor más grande del
planeta, tanto que hasta el país más poderoso,
Estados Unidos, le debe 800.000 millones de dólares.
Su economía emergió de la crisis financiera casi sin
un rasguño. Cuando las deudas tóxicas pusieron de
rodillas a los bancos de Occidente, Pekín apareció
como el acreedor global de último recurso y como la
potencia que, con su comercio exterior, sus
inversiones en el extranjero y su creciente mercado
interno, ayudó al resto del mundo a poner límite a
la gran recesión de 2008 y 2009.
Pero ahora los expertos advierten que la economía al
rojo vivo de Pekín, esa que el año pasado creció un
10,3%, se está contagiando de sí misma. El país se
encuentra inmerso en una espiral de crédito
desbocado, un proceso que podría tener graves
implicancias, tanto para China como para la economía
global. La situación se ha vuelto tan precaria que
Fitch Ratings, una consultora y analista de crédito
mundial, presentó el mes pasado un informe que
revela una larga lista de confusas prácticas
bancarias relacionadas con el agresivo mercado de
préstamos chino.
El informe de Fitch consigna que esas prácticas -que
incluyen no asentar los préstamos en los libros de
los bancos- constituyen "la tendencia más
desconcertante que esta firma ha constatado en el
sector bancario chino en años".
El crédito es la energía vital de una economía, el
combustible de los mercados. Pero el exceso de
crédito puede hacer descarrilar la economía. Y ése
es el problema que enfrenta China.
En 2010, los organismos centrales de control
intentaron poner freno al desbocado sector bancario.
Acotaron la masa crediticia disponible a 7,5
billones de yuanes (alrededor de 1,1 billones de
dólares). Fracasaron. Por el contrario, los
préstamos excedieron una estimación de dos billones
de dólares, según datos de China Confidential, un
servicio de investigaciones del Financial Times. Eso
representa más de 1500 dólares por ciudadano chino,
una suma sustancial en un país donde el ingreso
nominal per cápita es de 4000 dólares anuales.
La explosión del crédito impulsa además la
inflación. Es un proceso preocupante para un
gobierno cuya legitimidad descansa en mejorar año
tras año la vida de los ciudadanos. Fue el alza de
los precios el desencadenante del malestar previo a
la masacre de Tiananmen, en 1989; ahora y con el
arroz con subas de hasta 30%, los funcionarios temen
que el descontento se reavive.
También es posible que el exceso de crédito provoque
una crisis financiera, especialmente porque
alrededor de la mitad de los préstamos nuevos se
efectúan en el mundo subterráneo y turbio de las
finanzas informales.
Y
dada la adicción de Washington a los gigantescos
préstamos del gobierno chino, si Pekín se viera
obligado a desviar su poderío financiero para
rescatar a sus propios bancos, el impacto sobre la
economía de Estados Unidos sería significativo.
El problema del exceso de crédito se deriva del
extravagante enfoque de "socialismo de mercado" que
tiene China para manejar su economía. Para captar
los alcances del problema, es importante entender el
modo en que Pekín se aparta de las prácticas
habituales de administración del mercado.
En los países capitalistas, el banco central usa las
tasas de interés como acelerador o freno del
crecimiento. En épocas de recesión, bajan las tasas
para abaratar el financiamiento del gasto y la
inversión e impulsar el crecimiento. Cuando la
inflación sube, se elevan las tasas para desacelerar
el crecimiento y controlar el aumento de precios. El
sistema no siempre funciona tal como quedó
demostrado con el ciclo de burbuja y estallido en
Estados Unidos en décadas recientes. Pero hay un
amplio consenso que lo considera el método más
efectivo para extender el crecimiento en el largo
plazo.
El gobierno chino tiene un enfoque diferente. En vez
de confiar exclusivamente en las tasas de interés,
regula el volumen de crédito que los bancos pueden
otorgar. Cuando la economía china trastabilla, como
en 2009, los organismos centrales dan la directiva a
los bancos del país de aumentar la masa de dinero en
préstamos. Cuando aumenta la inflación, los entes
reguladores disminuyen la oferta de dinero.
Pero ahora, los consumidores y empresarios chinos
están ávidos de más crédito que el permitido por el
gobierno. Como resultado, los banqueros, financistas
y hasta los usureros barriales han tomado el asunto
en sus propias manos. En la cima del mundo
financiero chino, los bancos han maquillado el
mercado crediticio con "préstamos fuera de balance".
Hacia julio de 2010, esos "créditos invisibles"
rozaban los 350.000 millones de dólares, según un
informe de Fitch Ratings de diciembre.
A
primera vista, ese mecanismo de no asentar los
préstamos en los libros parece una hábil ingeniería
financiera: los banqueros otorgan créditos y después
los venden como productos de inversión planificada,
algo así como bonos o certificados de depósito, pero
mucho más riesgosos, como veremos más adelante. En
esencia, el mecanismo hace posible que las
aseguradoras presten dinero sin usar la palabra
"préstamo", con lo que los bancos logran burlar el
límite al crédito impuesto por el gobierno (así como
otras salvaguardias para preservar la solvencia de
los bancos).
Esos productos de inversión planificada rinden
intereses más altos que las cajas de ahorro, razón
por la cual los inversores chinos se los quitan de
las manos. "Casi todas las semanas, los inversores
minoristas reciben mensajes de texto que promocionan
algún nuevo producto de inversión, y las
corporaciones chinas se han convertido en la base de
inversiones de crecimiento más rápido", consigna el
informe de Fitch.
Irónicamente, los créditos sin asiento en balance
del país comunista son una notoria variante
financiera de los títulos con garantía hipotecaria
de Wall Street. Apodados "activos tóxicos" por los
medios de prensa durante la crisis financiera, los
títulos con garantía hipotecaria funcionaban con un
esquema similar: no se asentaban los hipotecas en la
hoja de balance del banco y se los introducía como
un producto de inversión.
Pero el negocio es riesgoso. Remover los créditos de
los libros de las instituciones financieras genera
un riesgo moral: los banqueros obtienen ganancias
por emitir préstamos, pero ya no les importa si son
cobrables o no, pues los venden. Como resultado, al
banquero no le interesa asegurarse de que los
acreedores sean dignos de crédito. (La analogía es
más o menos así: imaginen que le presto 100 dólares
a mi tío, quien promete pagarme 110 dólares el año
que viene, y luego yo le vendo esa promesa a usted
por 105; en teoría todos ganan, pero si mi tío no
puede devolverle a usted su dinero, ¿quién tiene un
problema? ¿Usted o yo?)
Charlene Chu, directora en jefe de la oficina de
Fitch en Pekín, le dijo a Global Post que "los
préstamos a gobiernos locales y los créditos
hipotecarios se cuentan entre los que más
frecuentemente son borrados de las hojas de balance,
y existe una preocupación por la calidad de esos dos
activos a futuro". No sólo los bancos están
involucrados en una alquimia financiera altamente
peligrosa. Insatisfechos con las míseras opciones de
inversión permitidas por el gobierno chino, los
ciudadanos de clases media y alta se abalanzan sobre
opciones de crédito más innovadoras. y más
riesgosas.
Esas inversiones son todavía más difíciles de
rastrear, pero según el servicio de informaciones
China Confidential, hasta 150.000 millones de
dólares "están en manos de una industria financiera
de fondos privados y desregulados, cuya capital es
Shanghai y que está compuesto por administradores de
fondos estrella que invierten el dinero en nombre de
individuos acaudalados".
Para colmo, la investigación de China Confidential
reveló que los prestamistas clandestinos -en otras
palabras, los usureros- dieron crédito por más de
600.000 millones de dólares durante 2010. Esos
prestamistas toman dinero prestado a la gente común
y a su vez lo prestan a una tasa que puede ir del 12
hasta el 120%. La clase media china participa
gustosa, dado que la alternativa -las cajas de
ahorro- pagan un interés más bajo que la tasa de
inflación (lo que significa que los depositantes le
pagan al banco para que les guarde el dinero).
Las opciones que tiene el gobierno son limitadas. En
julio, los entes reguladores intentaron terminar con
el tema de las hojas de balance, y conminaron a los
bancos a incluir todas sus operaciones crediticias
importantes para fines de 2011. Pero los meses pasan
y esas prácticas parecen prevalecer cada día más.
Mientras tanto, los organismos de control han dado
señales de que para el 2011 permitirán préstamos por
1 billón de dólares, debido a la masa de crédito
emitida durante 2010.
Atenerse a esa cuota, sin embargo, será complicado,
si no imposible. Una multitud de inversiones
inmobiliarias y proyectos de infraestructura a lo
largo de todo el país demandará créditos
adicionales. Un esquema demasiado estricto podría
resultar en un paisaje cubierto de rutas, edificios
y puentes sin terminar.
"Una economía que ha recibido más de 11 billones de
yuanes [1,65 billones de dólares] en crédito fresco
durante dos años consecutivos no puede arreglárselas
con billones menos de la noche a la mañana. sin
dañar seriamente el crecimiento -afirmó Chu-.
Sabemos que el faltante se seguirá completando de
maneras ocultas."