Cae el apoyo a
los líderes de la región
Guillermo Idiart
Enero de 2011
A
José Mujica le resultó imposible sostener en Uruguay
el clima de "luna de miel" de sus primeros meses de
gestión. En Chile, Sebastián Piñera bajó a la
realidad luego de que se pinchara el "efecto
burbuja" generado por el rescate de los mineros. En
diciembre, el "gasolinazo" en Bolivia terminó de
hundir la aprobación de Evo Morales. Y la percepción
negativa de su principal aliado, Hugo Chávez, está
en su mayor nivel en cinco años.
Pese a que el pasado fue un año de fuerte
crecimiento económico para los países sudamericanos
-excepto Venezuela-, cinco presidentes de la región
cerraron 2010 con sus índices de popularidad en
baja. Algunos de ellos, hasta niveles sin
precedente.
Los motivos son variados. "Hay una suma de
situaciones circunstanciales. Pero lo claro es que
son más los presidentes que están peor que los que
están mejor, aunque la economía haya ido en la
dirección exactamente inversa, ya que 2010 fue mucho
mejor que 2009", señala a La Nacion Rosendo Fraga,
director del Centro de Estudios Unión para la Nueva
Mayoría.
Por los efectos de la crisis global, 2009 fue el
peor año de los últimos ocho en materia económica
para América latina. Pero, paradójicamente, varios
presidentes superaban el 60% de popularidad (Lula da
Silva, Alvaro Uribe, Michelle Bachelet, Tabaré
Vázquez y Morales).
Hoy, la situación es muy distinta. En Uruguay,
Mujica perdió 23 puntos de popularidad en el último
semestre: pasó de 71% en junio a 48% en diciembre,
según Equipos Mori. "El proceso de caída fue muy
exagerado porque la «luna de miel» fue muy intensa",
explica a La Nacion Ignacio Zuasnábar, director de
la consultora.
En los primeros meses de gestión, Mujica tuvo dos
logros que lo catapultaron: consolidó un clima de
armonía con la oposición y llegó a una resolución
del conflicto por la pastera Botnia con la
Argentina.
Pero luego el viento a favor se disipó, y Mujica
enfrentó un nivel de conflictividad mayor con la
oposición y los sindicatos, con una ola de huelgas a
la que no estaba acostumbrado.
Si bien la tendencia a la baja es preocupante,
Zuasnábar cree que el apoyo a Mujica cayó a "niveles
normales" si se tiene en cuenta que en la primera
vuelta de las elecciones de 2009 obtuvo un 48% de
los votos.
En Bolivia, Evo tuvo un convulsionado cierre de año
luego de que se vio forzado a derogar el "gasolinazo"
-un fuerte aumento de los precios de los
carburantes, recurso vital del país- ante una ola de
protestas.
Según una encuesta de Captura Consulting, el
conflicto derivó en que la aprobación de la gestión
de Morales se derrumbara al 30%, su nivel más bajo
desde que asumió, en 2006.
"La situación es muy grave para el presidente, que
en 2009 gozaba de una popularidad del 70%. Pero
desde abril comenzó una caída al vacío muy fuerte.
Su caudal político se está diluyendo", apunta José
Blanes, director del Centro Boliviano de Estudios
Multidisciplinarios (Cebem).
Las idas y venidas del gobierno respecto del aumento
de los combustibles, con el que buscaba robustecer
su capacidad de gasto, abrieron cuestionamientos
sobre el poder de Morales. Ahora, deberá renegociar
su relación con algunos grupos que salieron muy
fortalecidos de la crisis.
De todas formas, para Mario Galindo Soza, analista
del Cebem, "el gobierno tiene el espacio político y
temporal" para recuperarse. En ese sentido, destacó
que Morales, que ha socavado el poder de maniobra de
la oposición, no deberá enfrentarse a desafíos
electorales que puedan poner en riesgo su liderazgo
hasta las presidenciales de 2014. Ahora, su
principal reto es recuperar el apoyo popular con una
economía plagada de subsidios. Ayer, luego de que
todos sus ministros ofrecieron su renuncia, Morales
ratificó a 17 y cambió a tres, entre ellos, el de
Hidrocarburos.
"La necesidad de imponer medidas de ajuste es una de
las causas de la pérdida de imagen tanto en
presidentes de izquierda populista, como Chávez y
Morales, como de centroderecha, como Piñera",
explica Fraga.
El caso del mandatario venezolano es singular. Su
país fue el único de la región cuya economía
retrocedió en 2010 (1,3%, según el FMI). Desgastado
políticamente por su larga permanencia en el poder,
según expertos, desde hace cinco años su popularidad
sufre una creciente erosión debido a la crisis
energética, la escasez de alimentos y el alto costo
de vida, con el mayor nivel de inflación del
continente.
"Lo que más lo afectó en 2010 fueron los problemas
cotidianos: la crisis económica y la inseguridad",
indica a La Nacion Luis Vicente León, director de la
encuestadora Datanálisis.
Según su última medición, después de las elecciones
parlamentarias de septiembre, Chávez tenía un 46% de
aceptación. "Había arrancado el año con más del
51%", agrega León. De acuerdo con Keller &
Asociados, la percepción negativa en torno a su
función es del 45%, la peor desde 2005.
Según León, la caída de imagen de Chávez no es
irreversible de cara a las presidenciales de 2012.
"Chávez está en plena campaña para revertirla. Es
una estrategia muy intensa que lo está ayudando a
contener el declive", afirma León. Para este año,
Chávez apuesta a que el alza del precio del crudo,
motor de la economía venezolana, lo ayude a
recuperar el terreno perdido.
Vereda opuesta
Del lado opuesto en el arco político, otro
presidente cuya imagen cayó en picada es Piñera.
Aunque, en este caso, por algunas razones inusuales.
Según las tres primeras encuestas del año, el apoyo
al mandatario está por debajo del 50%, el menor
nivel desde el retorno de la democracia en Chile, en
1990. "Para Piñera es una vuelta a la normalidad
después de la burbuja a corto plazo que había
generado el rescate de los mineros", asegura a La
Nacion Roberto Méndez, director de Adimark.
Su última medición arrojó que Piñera cerró 2010 con
47% de popularidad y con un aumento en el rechazo
por parte de los sectores más pobres.
Méndez destaca dos hechos recientes que dañaron al
gobierno. En noviembre, el conflicto por las
elecciones de la Asociación Nacional de Fútbol
Profesional, que derivó en la negativa del
entrenador Marcelo Bielsa a seguir en su cargo. Y el
otro, en diciembre, el incendio en una cárcel en
Santiago, que dejó 83 muertos, que terminó de borrar
el optimismo por el "milagro de Atacama". Si Piñera
no tuvo un buen cierre de año, el arranque de 2011
no fue mucho mejor. El conflicto por el "gasolinazo"
en Magallanes, que dejó dos muertos, desgastó aún
más su imagen.
El otro presidente de centroderecha que terminó en
baja fue Alan García. Ni siquiera el vigoroso
crecimiento económico de Perú (8,3% en 2010) pudo
impulsarlo en el último tramo de su mandato.
García, que había tenido un traumático paso por el
gobierno entre 1985 y 1990, obtuvo un rechazo del
65% y sólo un 30% de aprobación en la encuesta de
este mes de Ipsos-Apoyo.
"El escándalo de corrupción que involucró a su
ministro del Interior, Fernando Barrios, fortaleció
la percepción de que el gobierno aprista es sinónimo
de corrupción", señala Manuel Saavedra, director de
la Compañía Peruana de Estudios de Mercados y
Opinión Pública (CPI).
Con sólo dos meses en funciones, Barrios renunció
luego de que se reveló que se había autopagado
72.000 dólares en concepto de despido arbitrario al
dejar su antiguo cargo para ocupar el ministerio.
"La gente también percibe una contradicción con el
crecimiento, porque no se tradujo en la medida
esperada en una mejor distribución de la riqueza",
dice Saavedra, que no cree que la imagen de García
pueda mejorar de aquí a junio, cuando termine su
mandato.
Jose Mujica
Presidente de Uruguay
Desde junio, su popularidad cayó 23 puntos, afectado
por un mayor nivel de conflicto con la oposición y
los sindicatos.
Evo Morales
Presidente de Bolivia
Las idas y venidas por el "gasolinazo" hundieron su
aprobación al piso más bajo desde que asumió, en
2006.
Hugo Chávez
Presidente de Venezuela
Golpeado por la crisis económica, la percepción
negativa de su gestión está en el mayor nivel en
cinco años.
Sebastián Piñera
Presidente de Chile
El apoyo al empresario está en el menor nivel para
un mandatario chileno desde el retorno de la
democracia, en 1990.
Alan García
Presidente de Perú
Los escándalos de corrupción que afectan al gobierno
dispararon la desaprobación de su gestión hasta el
65%.