Liderazgo
parental: pongamos los bueyes delante de la carreta
Francisco Armanet
Enero de 2011
Registros del siglo 18 aseguran que Federico II de
Prusia construyó un inmueble donde confinó a recién
nacidos y los dejó al cuidado de nodrizas que sólo
podían darles alimentos y realizar labores de
higiene. Ellas no podían hablarles ni expresarles
ninguna muestra de afecto o cariño con el propósito
de no “afeminar” a los futuros soldados. A los pocos
meses, todos los menores habían fallecido.
En las últimas décadas, las investigaciones
científicas sobre el liderazgo parental son
múltiples y contundentes. Eric Kandel, premio Nobel
de medicina año 2000 resume los efectos de la
deprivación materna en su artículo The impact of
Psychiatric Thought on Neurological Research.
Agregar una visión integral a la neurociencia y
destacar la importancia de un efectivo liderazgo
parental, fueron un gran aporte.
El austriaco Rene Spitz comparó en EE.UU. el
desarrollo de niños recién nacidos, cuidados por
madres delincuentes que se encontraban recluidas en
una cárcel versus otro grupo de menores a cargo de
parvularias en un orfelinato; las conclusiones
fueron espeluznantes. Los trabajos de Harlow y
Riesen de la U. de Wisconsin, junto a las
investigaciones de Bender y Bowlby, fueron
consistentes con los estudios de Kandel.
Los estudios tienden a concluir que la inexistencia,
falta de cuidado o afecto por parte de padres
“normales”, produce daños irreparables en los hijos
pudiendo originar futuros problemas de delincuencia,
dificultades de aprendizaje, drogadicción, violencia
intrafamiliar, problemas de salud física y mental,
etc. Respecto de esto último, si los encargados de
proteger y entregar afecto a los niños en su
infancia temprana presentan trastornos o
enfermedades mentales como neurosis, irritabilidad,
alcoholismo, depresión obsesiones, manías, etc,
aumenta de manera significativa la probabilidad de
que los hijos desarrollen enfermedades o trastornos
mentales como esquizofrenia, bipolaridad, depresión,
ansiedad generalizada, anorexia, etc.
El afecto -principalmente materno en los primeros
años de vida- es a mi juicio, la madre de todas las
batallas en materia de políticas públicas por
cuanto, ésta es la causa basal de muchas
consecuencias que dan origen a otras políticas donde
se termina malgastando recursos porque se pone la
carreta delante de los bueyes.
Chile ha ignorado la vital importancia del afecto y
del cariño en la niñez temprana. La construcción de
salas cunas y el modelo nacional está enfocado a que
la madre tenga un lugar seguro donde dejar a los
niños cuando ésta va a trabajar para que ojala éstos
reciban algún grado de estimulación y exigencia.
Pero la iniciativa estatal está lejos de tener como
prioridad entregar a los niños cariño, afecto y
amor.
Chile requiere con urgencia profesionales de
excepción para educar con pasión y ternura a niños
de entre 0 y 5 años con el objeto de suplir -al
menos en parte- los deficientes liderazgos
parentales.
Debemos diseñar, comunicar e implementar las mejores
prácticas de como criar niños física y mentalmente
sanos y su enseñanza debe ser obligatoria en los
cursos de educación media. Siempre detrás de un
líder de excepción, existió una madre
extraordinaria. Si queremos ser un país desarrollado
con una ventaja competitiva sustentable, generemos
líderes y seres humanos excepcionales. ¡Invirtamos
en maternidad! Solo miren a la Madre del Líder más
grande de la historia de la humanidad…