Valparaíso, Chile,

 

El líder más débil de un régimen fuerte

The New York Times

Enero de 2011

 

Con el presidente Hu Jintao al timón, China se ha convertido en un coloso industrial de cinco billones de dólares, con una fuerza militar cada vez más grande, un modelo de toma de decisiones autoritario, que ha mantenido su curso por fuera de la crisis financiera global y está reafirmando su posición como la potencia de ascenso más rápido en todo el mundo. Pero mientras Hu se prepara para visitar hoy Washington, en un intento de disipar las tensiones con Estados Unidos, los funcionarios del gobierno de Barack Obama se enfrentan con lo que describen como una realidad más compleja. China es mucho más rica y más influyente, pero también es posible que Hu sea el líder más débil de la era comunista.

Es menos capaz de dar una imagen de autoridad que sus predecesores y tal vez también menos capaz de impedir que las relaciones entre las dos economías más grandes del mundo se vuelvan más hostiles.

El extraño encuentro de Hu con el secretario de Defensa, Robert Gates -durante el cual Hu aparentemente ignoraba que su propia fuerza aérea acababa de hacer un vuelo de prueba de su primer avión de combate invisible-, fue el último caso que sugiere que ha sido aislado o ignorado por centros de poder rivales.

Los funcionarios de la Casa Blanca se han pasado años instando a Hu a revaluar la moneda china, refrenar a Corea del Norte, dejar de reprimir a los disidentes y castigar las copias de la tecnología norteamericana, y a veces han tenido la impresión de que Hu accedía a sus pedidos.

Pero esos problemas han empeorado, y tras preguntarse si Hu los estaba esquivando o engañaba, los asesores de Obama concluyeron que suele estar a merced de un impreciso partido gobernante en el que generales, ministros y los intereses de las grandes corporaciones tienen más influencia, y menos deferencia, de las que tenían en la época de Mao Tsé-tung o Deng Xiaoping.

Los militares chinos han implementado a veces un enfoque independiente de la política exterior. Lo mismo han hecho muchas de las mayores empresas chinas. El resultado es que las relaciones entre la superpotencia más grande del mundo y la de ascenso más rápido se encuentran en uno de sus peores momentos, afectadas por enfrentamientos que tomaron por sorpresa a Obama y, a veces, también a Hu. El liderazgo dividido ha dificultado la resolución de las disputas con China y ha impedido concretar grandes negociaciones como la reanudación de las relaciones entre ambos países durante el gobierno de Mao.

En reuniones previas, Hu y su primer ministro han señalado que les gustaría que su moneda se revalúe gradualmente. Pero el ministro de Comercio calificó esa posibilidad de "catastrófica". Pese a las garantías ofrecidas por Hu de que el mercado chino seguiría abriéndose a los extranjeros, los empresarios se quejan de que los reguladores han dificultado la posibilidad de que las empresas extranjeras energéticas, bancarias y de comunicaciones compitan con las respaldadas por el Estado.

 

Incertidumbre

A la incertidumbre sobre el poder de Hu se agrega el cambio de liderazgo en 2012. Se trata de una transición calculada hacia una nueva generación de líderes y de un volátil campo minado para todos los candidatos, ya que ninguno quiere ser visto como proclive a asumir riesgos ni como alguien servil con Estados Unidos.

Las esperanzas de que China y Estados Unidos puedan encontrar una coincidencia de intereses se han vuelto demasiado optimistas. Aun cuando coinciden, los funcionarios norteamericanos dicen que el pasaje de las palabras a la acción es tan lento que resulta frustrante. Hu es el líder chino más limitado de la época moderna; con frecuencia funciona como negociador, pero nunca parece terminar de consolidar su poder.

Hasta ahora, esa lucha ha imposibilitado que China actúe de manera decisiva y como consecuencia está luchando contra la inflación. Los asistentes de Obama quieren probar un nuevo curso de acción: en vez de insistir con la moneda, van a plantear otros temas económicos, para ver si la presión de la creciente inflación y el miedo de un estallido social obligan a los chinos a revaluar su moneda.

Un informe del mes pasado sobre las prácticas comerciales chinas dice que la creciente influencia de los gigantes corporativos plantea preguntas importantes sobre el apoyo que China ofrece a "las actuales obligaciones dispuestas por la Organización Mundial del Comercio, incluyendo los principios esenciales de la OMC".

La prohibición china de exportar minerales raros esenciales, emitida por el gobierno como una decisión corporativa sin conducción estatal, es el ejemplo más reciente de las tensiones que ha producido esta falta de control estatal. Pero hay otros: China Mobile, que domina el enorme mercado inalámbrico de la nación, está presionando a los fabricantes de teléfonos a adoptar el estándar chino, que ignora el estándar global aceptado.

No se puede decir que Hu sea un espectador impotente de muchas de las decisiones que ofenden a Estados Unidos. Es el arquitecto de la creciente represión a los disidentes políticos y de sus recientes esfuerzos para ampliar su poder regional mientras Estados Unidos se encuentra en una apremiante situación económica. Pero carece de la suprema autoridad de sus predecesores.