Valparaíso, Chile,

 

China, el salvavidas que le llega a Europa

Gabriele Steinhauser

Enero de 2010

 

Desde hace unos meses, España, Grecia y Portugal -los tres integrantes de la eurozona financieramente más inestables- están a la espera del salvavidas que les arrojó China: la promesa de comprar los bonos de su acuciante deuda.

La oferta del gobierno de Pekín logró descomprimir por un tiempo el mercado de la deuda europea, pero China ha guardado silencio sobre la suma que realmente piensa invertir. Lo que sí queda claro es que China tiene un enorme interés en ayudar a la eurozona, su principal socio comercial, a salir de la crisis. Al mismo tiempo, Pekín mantendría bajo control la presión que ejerce Estados Unidos para que aprecie su devaluada moneda, el yuan.

Anteayer, España firmó más de una docena de acuerdos comerciales con China, dos días después de que el viceprimer ministro, Li Keqiang, escribiera en el diario El País que su nación seguirá comprando deuda pública como una muestra de apoyo a España.

China ya ha cerrado acuerdos y compromisos similares con Grecia -que ya debió ser rescatada- y Portugal, al que muchos consideran el próximo eslabón más débil de los 17 países que integran la eurozona.

Europa viene librando una batalla descarnada para mantener intacta su unidad cambiaria. Pero el préstamo de 143.000 millones de dólares para Grecia y el rescate de 88.000 millones de dólares para Irlanda no han logrado disipar el temor de que la creciente deuda de varios Estados miembros podría ser demasiado pesada para la tambaleante eurozona y, al final, podría incluso hacer peligrar el euro.

Una profundización de la crisis europea o el derrumbe del euro perjudicarían a China, actualmente la segunda economía del mundo y tenedor de una ingente masa de reservas en moneda extranjera, en su mayoría, dólares norteamericanos. Pekín cree que una economía global estable necesita por lo menos dos monedas fuertes, y China ya ha invertido fuertemente en bonos de los gobiernos europeos para promover el euro como alternativa viable del dólar, según dice Vanessa Rossi, investigadora de carrera de Chatham House, Londres.

Gran parte de la influencia que tiene China se sustenta en un enorme superávit comercial y en el ahorro resultante, un abrupto contraste con las acuciantes deudas de algunos gobiernos europeos. Rossi estima que de los 2,5 billones de reservas en moneda extranjera que tiene China, casi un billón es en papeles europeos.

Esa cifra, según Rossi, sigue siendo mucho menos que los 1,5 billones invertidos en Estados Unidos, pero de todos modos revelaría que actualmente China tiene en su poder alrededor del 10 por ciento de la deuda gubernamental de toda la eurozona.

Según Rossi, cualquier nueva promesa de compra de bonos llega como corolario de las cuantiosas inversiones ya existentes, y su propósito principal es generar un efecto de apoyo psicológico para el euro. Pero el interés de Pekín va más allá de la estabilidad del euro. Una profunda y prolongada depresión económica en Europa perjudicaría la economía china, ya que vende el 25 por ciento de sus exportaciones a ese bloque continental.

Grecia, España y Portugal son relativamente pequeños en términos comerciales, pero su colapso afectaría a Alemania, que en los primeros seis meses de 2010 engulló alrededor de 38.000 millones de dólares en exportaciones chinas, mientras que abastece a las elites de la República Popular de autos de lujos, inversiones industriales y tecnología de avanzada.

Los recientes acuerdos de China con los miembros más débiles de Europa también incluyen inversiones en sectores clave, como puertos y telecomunicaciones, que otros países se han mostrado remisos a aceptar.

La posibilidad de atar indirectamente el mercado de la deuda con otros acuerdos comerciales representa para China "una oportunidad soñada para cerrar algunos negocios altamente lucrativos", dice Jonathan Holslag, investigador del Instituto de Estudios Chinos Contemporáneos de la Universidad de Bruselas.

 

Costos políticos

Algunos analistas temen que la ayuda financiera tenga costos políticos. España y Portugal han apoyado el pedido de China de que se le otorgue el estatus de economía de mercado, mientras que Grecia, Italia y otros países están presionando a la Unión Europea para que levante el embargo de armas que le fue impuesto a China después de la masacre de la plaza Tiananmen, en 1989.

Cuando la alta representante para Asuntos Exteriores de la Unión Europea, Catherine Ashton, preparó su informe sobre las relaciones del bloque con China, los Estados miembros con serias dificultades financieras tuvieron una postura benévola en casi todos los temas, según Holslag. "Ese fue el primer indicio real de que nuestra creciente dependencia económica de China tiene consecuencias." Otros piensan que el verdadero interés de China no pasa por ayudar a los países europeos en su batalla con los tenedores de bonos, sino que intenta mantener bajo control la incesante presión política norteamericana.

Lutz Karpowitz, veterano experto en el mercado de monedas del Commerzbank de Fráncfort, dice que China es consciente de que debe permitir que su moneda -el artificialmente devaluado yuan- suba respecto del dólar, para sacarse de encima a los legisladores de la Casa Blanca y el Congreso, pero que Pekín prefiere hacerlo en el contexto de un dólar en caída. Si el euro y otras monedas aumentan, China no tendrá necesidad de liberar el precio del yuan, ya que su valor de intercambio comercial sería aproximadamente el mismo.

"Es todo cháchara política", dice Karpowitz. "No les importa ni Portugal ni Grecia, y no estoy seguro de que tengan un interés real en las reformas implementadas en España."

Como la desocupación en Estados Unidos sigue siendo obstinadamente alta, China se ha convertido cada vez más en el blanco ideal de los políticos norteamericanos. Mientras Estados Unidos sigue acumulando un gigantesco déficit en su balanza comercial, China amasa un también gigantesco superávit, y su poderío industrial crece día tras día.

Los economistas dicen que en un contexto de libre flotación cambiaria y en las actuales circunstancias, el yuan subiría respecto al dólar. El problema, al menos como lo ven en Estados Unidos, es que no ha sucedido porque las autoridades chinas quieren mantener deprimida su moneda para sostener ese crecimiento impulsado por las exportaciones.