Lula se despide,
pero no descarta volver en 2014
Alberto Armendáriz
Diciembre de 2010
Como el rey del carnaval, con el Sambódromo de esta
cidade maravilhosa rendido a sus pies, así comenzó a
despedirse anoche Luiz Inacio Lula da Silva de la
presidencia de Brasil en una multitudinaria fiesta.
Pero cuando faltan dos semanas para que entregue el
poder a su sucesora, Dilma Rousseff, el popular
mandatario no descartó volver en 2014.
"No puedo decir que no, porque estoy vivo, soy
presidente honorario de un partido [el de los
Trabajadores]; soy un político nato y construí una
relación política extraordinaria", consideró Lula,
durante una entrevista con el canal RedeTV,
anteanoche, en la que hizo un balance de sus ocho
años en el poder.
El comentario causó gran revuelo en el ambiente
político de Brasil, ya que desde que él mismo
designó a su ex jefa de gabinete como candidata
presidencial se ha especulado con que la
administración de Rousseff no sería más que un
paréntesis para que él accediera a un tercer mandato
(la Constitución brasileña no permite más de dos
consecutivos).
De hecho, el gabinete nombrado hasta ahora por
Rousseff tiene un perfil muy lulista, incluso con
ministros que mantendrán las mismas carteras que
hasta ahora, como el de Economía, Guido Mantega, y
el de Defensa, Nelson Jobim.
Popularidad por las nubes
Consciente de la repercusión de sus palabras, Lula
incluso trató de limitar después el impacto de su
confesión televisiva. "Vamos a trabajar para que
Dilma haga un buen gobierno y, cuando llegue la
hora, veremos qué sucede", destacó en el programa E
Notícia.
De acuerdo con la última encuesta revelada el
viernes pasado por Ibope, Lula se acerca al final de
su gobierno con un 87% de popularidad, todo un
récord para un jefe de Estado brasileño saliente. La
estabilidad, el boom económico, los exitosos planes
sociales y la esperanza con que los brasileños miran
el futuro, cuando en 2014 organicen aquí el Mundial
de Fútbol y en 2016 Río reciba los Juegos Olímpicos,
confluyen en su altísimo nivel de aprobación.
"Comida en la mesa; empleos formales; niños en las
escuelas; nuestras vidas en rumbo. Estamos viviendo
el Brasil de todos", señala una apabullante campaña
publicitaria en TV, radios y medios gráficos, que la
presidencia lanzó estos días. Con un costo de 11,5
millones de dólares, hace alarde de los logros del
gobierno de Lula, resaltando el crecimiento
económico y la reducción de las desigualdades
sociales.
Tampoco resultó muy barata la fiesta de homenaje que
anoche le organizó a Lula, en el Sambódromo, el
gobernador de Río de Janeiro, Sérgio Cabral, con un
costo estimado de 300.000 dólares. Con el lema de
"Gracias, presidente Lula. El pueblo de Río de
Janeiro agradece", unos 30.000 invitados bailaron
hasta altas horas de la noche al ritmo de Zeca
Pagodinho y Martinho da Vila, dos de los sambistas
favoritos del mandatario.
Lula recibió, además, el título honorífico de
carioca ilustre y el diploma Cristo Redentor por la
promoción del turismo en la ciudad; él fue uno de
los principales promotores de la candidatura de Río
para ser sede de los Juegos. "La vida de un
presidente es muy solitaria -se quejó Lula durante
la entrevista difundida anteanoche-. En ocho años,
no fui a una cena o a una fiesta de cumpleaños.
Nunca salí." Y explicó que después del traspaso de
mando, que contará con la presencia de la secretaria
de Estado norteamericana, Hillary Clinton, buscará
"desencarnarse" del papel de presidente.
"Voy a descansar, tomar vacaciones, que no me tomo
desde hace 30 años. Unos dos meses en algún lugar
donde no tenga que hacer nada. Necesito volver a ser
Lula, volver a ser lo más parecido a un ciudadano
normal", apuntó.